viernes, 27 de junio de 2014

Tratar cabello


En estos días en que tanto oigo hablar de sueños, de deseos, de planes y de proyectos, yo me pregunto ¿y cuáles son los míos? Y es en ese momento cuando decido pensar en otra cosa.

Claro que tengo sueños (recuerda: soy la soñadora), pero tengo tantos sueños que a lo mejor no tengo ninguno, tantos pequeños sueños que a lo mejor no hay uno Tratar cabello y de verdad.

Más de una vez me han dicho que voy demasiado a lo mío, que soy independiente y tal vez, algo solitaria. Y es verdad, pero es que resulta que me gusta ser así, me gusta tener momentos en los que estoy conmigo misma y me divierto. Porque me quiero, a pesar de todo, me quiero.

Pero también necesito a la gente, y hay veces que incluso mucho. Hoy estoy tristona y necesito a alguien, señores. Sí, la alegre, jovial y dicharachera Dreamer está depre y necesita que la animen. La primavera me está matando con estos altibajos: un día me quiero comer el mundo, y al otro, el mundo me come a mí. Y hoy el mundo me come, me está comiendo.

Tengo sueños tan lejanos que no puedo llegar a ellos. Sueño con Tratamientos para el cabello que aunque estén cerca, en realidad se encuentran a años luz de mí. Y enamorada ando por la vida (encuentro a la persona que sé que haría feliz a cada uno de los segundos de mi existencia, aqui no es para mí).

Por eso, porque a veces me pongo metas tan altas, decidí tomarme la vida de otra manera. Sé que soy rara, que doy la impresión de que las cosas me dan igual, que a veces me complico la vida por una tontería, pero es que soy así. Variable, inquieta y tal vez inquietante. Pero sobre todo, y ante todo, yo misma.

miércoles, 25 de junio de 2014

Rutina

“Una vez la voluntad ha sido subyugada, teme la liberación. La tragedia final de una vida que discurre dentro de las restricciones de una rutina férrea, es que teme la responsabilidad que impone el poder escoger. La obediencia es sencilla; se convierte en una evasión y el deseo de tomar iniciativas, de actuar, muere en el interior de uno. De todos los enemigos que amenazan el alma, el más mortífero es la rutina. Los otros adversarios realizan un ataque frontal, pero la rutina rodea el alma. Establece un sitio y su temible aliado es el tiempo. Sin darse cuenta, el alma rinde su ciudadela”.
Claude Houghton, Vecinos.


Supongo que en cierto modo es verdad que la rutina nos va matando poco a poco. Pero también es verdad que todos, en mayor o menos medida, somos esclavos de ella. Vivimos muy cómodamente con ella, y empezamos a temer los cambios. A lo mejor no es tan mala si es elegida libremente. Lo malo es cuando no es así y no lo vemos. Podemos estallar un día debido a la rutina, puede que mañana, dentro de 5 meses o dentro de 10 años. Pero siempre saldrá ganando, pues nos gusta tener cosas establecidas, no modificar lo que ya aceptamos… o cambiarlo alguna vez, pero no de forma constante a lo largo del tiempo, así que nos tiene bien cogidos a todos. ¿Intentar burlarla a veces? Sí, pero con cuidado, por si la nueva rutina que nos establecemos es peor. Porque rompemos con una rutina, pero empezamos con otra. Siempre estaremos encadenados a ella.

miércoles, 18 de junio de 2014

Limpieza de cutis

Todos hemos vivido situaciones embarazosas. Unas más fuertes que otras: que te suene el teléfono en el cine, que te pite la alarma al salir de una tienda, que te tropieces delante del chico que te gusta, que le cuentas a alguien algo que no debía saber, que te quedas en blanco cuando alguien te pregunta una cosa...

Haciendo memoria – que ya iréis descubriendo que yo de eso no tengo mucho -, mi situación más comprometida me sucedió hace un par de años en el curro. Trabajo de cara al público, así que veo a gente y a unos les tengo fichados porque vienen siempre, y otros vienen una vez en su vida. Total, que una mujer, de unos 30 y tantos, un poco corpulenta, muy bien arreglada, venía cada pocos días y yo le atendía. Estuvo viniendo como 3 meses más o menos, después dejó de hacerlo. Al cabo de unas semanas volví a verla. Por querer ser agradable y darle un poco de conversación, le pregunté: “¿Ya has tenido al niño? ¿Salió todo bien?”

Y de repente ella me clavó la mirada, y me dijo que no había estado embarazada. Ahí es cuando dije OH TIERRA TRÁGAME, qué vergüenza más grande, yo toda roja, con cara a cuadros, sin saber dónde meterme, al final le tuve que contestar: “Ah, ups, eeeeh, perdona, es que me habré equivocado con otra persona, como vienen tantas por aquí”. Y se fue. Y no volvió a venir nunca más. Y yo que nunca soy así de cordial con nadie, con desconocidos... Pero juro que cuando la veía los primeros meses me pareció que estaba embarazada, habría adelgazado a base de mucho esfuerzo la pobre mujer, y hale, voy yo y seguro que la acomplejé más, y la hice sentirse mal...

Pensando en el tema, llego a la conclusión de que es muy fácil meter la pata por un simple comentario, otra vez me quedo callada http://www.bdebelleza.com/cuidados/limpieza-de-cutis-como-hacerla-en-casa/